miércoles, 21 de noviembre de 2007

El sofá, ¡oh, que gran amigo!

Debido a mi no-profesión, me encantan los muebles... los muebles inutiles... Esos que la gente ve y piensa que no sirven para nada. A mi me encantan, y en realidad comprendo que sólo sirven para una "casamuseo", donde nadie cene viendo la tele en la mesita del salón (esa que no levanta del suelo ni 15 centímetros), ni haya niños que se tumben en los cojines perfectamente colocados y coordinados, ni tampoco (sin entrar en detalles) alguien que se de un revolcón en el sofá...

La cuestión es que me encantan esos sofás rectos, casi sin respaldo, tan monos pero a la vez tan incómodos... pero alguien me lleva convenciendo desde hace más de tres años de que lo que hace falta es un sofá hogareño de esos con sillones y y cojines mulliditos, donde repantingarte comodamente.


La cuestión es, en ese piso imaginario de paredes azules, osea el cielo en la tierra, el sofá debería de ser marrón o blanco, o en algún caso y dependiendo del sofá, en rojo (para variar...).
La cosa es que buscado esos preciosos sofas beiges o blancos (en ikea, claro que si) y he encontrado uno estupendo, porque va con fundas lavables, lo que también te permite "cambiar" de sofá de vez en cuando, ahora bien: ¿BLANCO? eso en 5 lavaos seguro que acaba con color peo-mona, también llamado blanco percodío, que es ese blanco, que ni es blanco, ni es na, es como un color sucio indeterminado que llama la atención por su poco atractivo, asi que obviemoslo por un instante. ¿BEIGE? ... bueno... ya es marróncillo, así que no puede empeorar. He visto uno con flores, habría que mirar de cerca... Por ultimo, sabemos que el rojo quitaría importancia a la preciosa vitrina :]~~~